Las personas podrán vivir sin un dios, sin un partido político, sin un amor a la masa, pero no pueden vivir sin voluntad.
El origen del contrato es causado por las voluntades y las acciones de dos o más personas, lo que nos lleva a pensar que siempre viviremos en el mundo del derecho.
Si aceptamos la voluntad del otro, quiere decir que aceptamos la norma y la condición para poder ser civilización.
A menos que quieran vivir sin humanos, sin pactos, individual….
Sin embargo la voluntad no se reduce a una firma o un pacto, sino a la gasolina y la energía interna de los individuos para llevar a cabo lo que quiera modificar… algo en particular. Es cierto que en cada impulso de voluntad, hay una seria interpretación de cambio del presente.
La fuerza de voluntad para cambiar el derecho, seria la mezcla perfecta en este escenario aburrido. Vivimos abriendo y cerrando puertas, siempre aceptando las mismas voluntades, olvidando las propias.
Sabemos la voluntad del Estado con sus normas y las voluntades de las demás instituciones, pero no sabemos nuestras propias voluntades, precisamente porque son muy parecidas a las de ellos.
Estamos educados para respetar las normas de todo lugar al que llegamos. Somos receptores totales, es decir donde llegamos recibimos una norma, la procesamos y la aplicamos. Un funcionalismo normativo.
El mejor ejemplo es cuando la gente entra a una iglesia. Silencio, docilidad, ambiente uniforme. Inclusive las posiciones icónicas de las obras de barroco ven al publico o los creyentes con un punto de vista de superioridad. No existen obras a la altura del publico, solo en algunos templos renacentistas, que obviamente no están en el tierrero colombiano campesino.
Lo que nos lleva a pensar que la voluntad de muchos es ajena a un dogma, pero es porque no lo analizan desde el principio, como en este texto que empezamos a leer la teoría básica de la voluntad.
Si las personas recordaran eso, estarían pensando, ¿ A que horas pacte mi voluntad?¿ cual voluntad es diferente a la que me han impuesto?
Seguramente los conocedores del pacto social o el contrato social, se han cuestionado el punto de: ¿ Porque detenerme en un semáforo ¿ Quien es el exterior para decirme que hacer? y peor aún porque cuestionarse cuando ya va en la mitad de la cebra.
Estamos obligados a cumplir un pacto, con los demás aunque nunca sepamos en que momentos aceptamos esas normas.
Podría plantarse la hipótesis entonces, que la voluntad es algo natural de la masa. El problema es que la masa aproveche negativamente esa ley natural de la voluntad para vincular a las personas en grupos que subyugan la libertad de decisión personal.
Pero tranquilos, tienen la voluntad de entenderse a si mismos como individuos y aislarse de las voluntades culturales dogmáticas.
Hagamos ese trato.
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